El 20 de Noviembre, este domingo pasado,  se celebró el día mundial del niño, el nombre de la celebración ya lo dice todo. Lo instauró la ONU tal día como el de la celebración, 20 de Noviembre,  en el año 1959 y donde marcó unas pautas y las plasmó en la Declaración de los Derechos del niño,  parece que después de muchas y arduas labores diplomáticas (casi 10 años) se consiguió que muchos países la firmaran.

La Declaración Universal  señala que el niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios para que pueda desarrollarse  física, mental, espiritual, moral y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad.

Justo en fechas previas a tan solemne día nos encontramos con  la historia de Bruno ( la puedes ver en nuestro Facebook : Serhogarsytem Avilés y Oviedo),  un niño que sufrió una encefalitis que le provocó daños cerebrales muy graves y que después de darle el alta los padres tuvieron que hacerse cargo de la rehabilitación que la Seguridad Social no cubre.

Un día después publicamos el caso de Safya, una niña de 5 años, de Avilés, que sufre en síndrome de QT, que a grandes rasgos es un problema del corazón, donde la colocación de un desfibrilador es suficiente para que pudiera desarrollar una vida medianamente normal, el problema viene de que no se lo pueden poner hasta que sea mayor, la solución;  un desfibrilador portátil , el problema; que la  Seguridad Social no lo financia.

A Bruno le organizaron los padres y los amigos una carrera solidaria para recaudar fondos,  a Safya le organizaron la venta de unas pulseras solidarias para obtener los 1.600 € que cuesta el desfibrilador.

¿Acaso la Declaración Universal de los Derechos del niño no considera  que estos dos casos merecen una protección especial  y fundamental para que puedan desarrollarse  estos dos niños de una forma saludable y normal?

Estoy seguro que esta Declaración Universal es pisoteada en muchos otros sitios y muchas veces al día, pero  me llamó la atención que ante tanta “pomposidad” a la hora de denominar a unos derechos tan básicos y fundamentales (Declaración Universal de los Derechos del Niño), lo que al final prevalece es la determinación de unos padres y  la lucha de unos niños. Cuando eso no llega, ahí está la solidaridad de las personas, porque al final ser persona no es poner un nombre “pomposo” a  unas páginas, ser persona es hacer algo de una forma altruista,  por una causa que consideramos justa.

En vez de celebrar el Día Mundial del Niño, mejor celebrábamos el caso de estas dos familias y las personas que colaboran con ellos.

Publicado: 21 de Noviembre de 2016